El poder de la palabra “La Palabra de Dios hecha Hombre nos ilustra cómo usar su propia llave. Jesús nunca hizo un milagro en silencio, ni por telepatía, ni por control mental. Todos sus milagros se hicieron por el poder de la palabra. El evangelio de Marcos es muy ilustrativo en esta materia. De repente, en la sinagoga, un hombre que estaba poseído por un espíritu maligno gritó: -¿Por qué te entrometes, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo sé quien eres tú: ¡el Santo de Dios!» (Marcos 1:23-24) Sin embargo, Jesús no entabla ningún diálogo con él, ninguna polémica, ni el más leve asomo de discusión. «¡Cállate! -lo reprendió Jesús- ¡Sal de ese hombre! (v. 25) Como quien dice: «No te permito que hables porque tú, espíritu inmundo, utilizas el poder de la palabra para maldecir». Entonces el espíritu maligno sacudió al hombre violentamente y salió de él dando un alarido. (v. 26). Como resulta obvio afirmarlo, la palabra derrota a los demonios. Cuando este espíritu usa el poder de la palabra, Jesús le da la orden de callar, de guardar silencio. El demonio abre con esta llave la puerta de las tinieblas y, por lo tanto, hay que silenciarlo a toda costa. Avancemos ahora en nuestra lectura de Marcos. Jesús sanó a muchos que padecían de diversas enfermedades. También expulsó a muchos demonios, pero no los dejaba hablar porque sabían quién era él. (v. 34). No dejaba hablar a los demonios porque ellos producen efectos negativos, maldicen, contaminan el ambiente, se oponen a la obra de Dios. (Darío Silva-Silva. Extractado del libro páginas 105-106) |