| | VISIÓN INTEGRAL Vergüenza y temor
“Muchos argumentan, a la ligera, que el desobligante Cam fue maldito por reírse de su padre desnudo, que el profeta Isaías se paseaba en paños menores por la santa ciudad, vociferando sus profecías, y que, en contexto bíblico, el cuerpo humano es obra maestra de un Dios que no puede ser pornógrafo. Tal cuerpo -subrayan- es bello en sí mismo y, además, está traspasado e iluminado por los sentimientos del amor, la ternura, la comunicación y la comprensión, pues es, precisamente a través del cuerpo, que el hombre manifiesta el lenguaje de su amor. Por lo tanto –rematan- es posible hablar del desnudo con absoluta dignidad. Sin embargo, como es fácil colegirlo, la maldición a la estirpe de Cam no aplaude la desnudez de Noé, sino reprende el irrespeto a su autoridad: «Cam, el padre el Canaán, vio a su padre desnudo y fue a contárselo a sus hermanos, que estaban afuera. Entonces Sem y Jafet tomaron un manto sobre los hombros, y caminando hacia atrás, cubrieron la desnudez de su padre. Como miraban en dirección opuesta, no lo vieron desnudo» (Génesis 9:22-23).
Lo que sigue es bendición para los hijos respetuosos y maldición a la descendencia del abusivo. Por otra parte, la acción de Isaías solo era una demostración profética de la suerte que esperaba a los opresores del pueblo de Dios: serían llevados desnudos y descalzos como prisioneros de guerra.
«Entonces el Señor dijo: Así como durante tres años mi siervo Isaías ha andado desnudo y descalzo, como señal y presagio contra Egipto y Cus» (Isaías 20:3). Bíblicamente hablando, cuando el ser humano cae, al querer igualarse a Dios por medio del conocimiento del bien y del mal, su primer cambio consiste en que se averguenza de su desnudez. No ha practicado aún el sexo, pero saberse desnudo lo atemoriza.
«El hombre contestó: -Escuché que andabas por el jardín, y tuve miedo porque estoy desnudo. Por eso me escondí» (Génesis 3:10).
¿Qué es lo que hace que el presuntuoso Adán de hoy, por el contrario, se desnude en público sin temor ni rubor? Hay un fondo de animalidad en la acción de desnudarse, pues monos, perros, elefantes y gatos no son concientes de su desnudez. Si vestirme demuestra que soy un ser superior a ellos, quitarme la ropa me degrada a su rasero en la escala zoológica; así me hago inferior a mí mismo, renunciado al rango espiritual del que ellos carecen. Poder confeccionar mi vestido y usarlo indica que soy superior a las otras especies y me ratifica como el amo que soy de ellas; despojarme del atuendo me animaliza y rebaja, colocándome a su nivel.
En una visión darwiniana, Desmond Morris llamó “el mono desnudo” al hombre; y ciertamente, cuando se descubre sin cortapisas, el “Homo Sapiens” de Linneo parece un orangután sin pelo. El vestuario le imparte dignidad y lo iguala a su prójimo en una categoría más alta que la zoológica; excepto cuando se desnuda en la intimidad para la práctica del amor bendecido espiritualmente y, por lo tanto, legítimo, en el misterioso acto vital que lo fusiona en un solo cuerpo con su pareja, bajo la sombra protectora del Dios que los ha hecho a su imagen y semejanza”.
(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Sexo en la Biblia, páginas 75-77) | |