| | VISIÓN INTEGRAL De muerte a vida
“La fascinación de la gente por los muertos llega a extremos inverosímiles, que tienen relación con la certeza o la suposición de que existe vida después del fallecimiento. La creencia en la inmortalidad no es exclusiva del judeocristianismo; todos los sistemas religiosos la comparten bajo diversas visiones e interpretaciones: los egipcios momificaban los cadáveres y construían confortables pirámides pues estaban convencidos de que los muertos seguían viviendo y visitaban sus tumbas; los babilonios creían a pie juntillas en un dios «que restaura los muertos a la vida»; es bien significativo lo expresado por Sócrates antes de tomar la cicuta: «Sepúltenme, si es que me pueden tomar»; los aborígenes del Nuevo Mundo enterraban, junto a sus caciques, mujeres, animales y artículos varios para que los acompañaran en su travesía por el más allá; algunos cultos africanos de tótem y tabú esperan «un nuevo hogar en el oeste, donde se pone el sol»; ni qué decir de los hinduistas, convencidos de que existe la reencarnación.
Lo que hace original, en este aspecto, al judeo-cristianismo entre todos los sistemas espirituales es la creencia en la resurrección de los muertos, que ha sido minimizada, cuando no desconocida o negada, en el seno de grupos que se precian de guiarse por doctrinas bíblicas. Si la resurrección fuera un mito –como algunos lo pretenden con gran desfachatez- el cristianismo sería la farsa más cruel de la historia humana.
Hace dos mil años san Pablo ya lo advertía con sagacidad espiritual:
«Ahora bien, si se predica que Cristo ha sido levantado de entre los muertos, ¿cómo dicen algunos de ustedes que no hay resurrección? Si no hay resurrección, entonces ni siquiera Cristo ha resucitado. Y si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación no sirve para nada, como tampoco la fe de ustedes. Aún más, resultaríamos falsos testigos de Dios por haber testificado que Dios resucitó a Cristo, lo cual no habría sucedido, si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado. Y si Cristo no ha resucitado, la fe de ustedes es ilusoria y todavía están en sus pecados » (1 Corintios l5:12,17).
Es una lástima que el antiguo materialismo de los saduceos a este respecto haya resurgido a través del moderno materialismo de los marxistas; y más deplorable aún, que ciertos comentaristas cristianos abrieran la puerta del análisis a una visión seudo-científica de los fenómenos espirituales que redujo a simple mito todo lo milagroso, empezando por la resurrección. Ellos asesinaron la esperanza ulteriorita del hombre.
Sin embargo, nadie pudo borrar este versículo:
«Yo sé que mi redentor vive, y que al final triunfará sobre la muerte. Y cuando mi piel haya sido destruida, todavía veré a Dios con mis propios ojos » (Job 19:25,26).
En tiempos tan primitivos, el autor de este libro sabe que su Redentor vive y triunfará sobre la muerte; y que, después de que su piel se haya deshecho, verá a Dios con sus propios ojos. Si no habla de resurrección, ¿a qué, entonces, se refiere?”
(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Puertas Eternas, página 29-31) | |